Adrián Rodríguez: “Sueños de Libertad recupera el legado rockero de Ibiza”

El creador y alma mater del festival que reunirá en abril a las mejores bandas del panorama nacional explica el porqué de su proyecto.

Texto: Pablo Sierra del Sol

Fotografías: Muchigrafía

El índice y el pulgar de la mano derecha suben el volumen de la radio mientras la izquierda sujeta el volante. Suena Fantastic Negrito y una voz que canta desde las raíces de la música negra invade el interior del coche. A Adrián Rodríguez le fascina lo afroamericano. De Michael Jordan a Marvin Gaye, James Brown, Al Green… el abanico de personajes sobre los que ha hablado Adrián alguna vez con admiración es amplio y, evidentemente, esos gustos se infiltran en la música. La negritud aparecerá en la conversación que está a punto de empezar, pero prefiero no adelantar acontecimientos. La infancia, esa patria personal donde todo empieza y nada acaba, me sirve para abrir fuego.

-¿Cuál fue la primera canción que se te quedó grabada en la memoria?

-Déjame que piense.

Y se queda callado mientras conduce. El coche va entrando en la ciudad de Ibiza y Adrián cuenta que por las paredes de su casa cuando era pequeño se colaba el flamenco que solían cantar sus abuelos andaluces. Me dice que su madre, nacida ya en la isla, escuchaba música de estilos muy diferentes, pero compuesta entre los sesenta y los setenta. Y entre esa sopa de canciones rescata tres:

-Las canciones que más recuerdo de aquella época son The Year of the Cat, de Al Stewart, Could you be loved, de Bob Marley u Hotel California de The Eagles, quizás de los temas en inglés que más me marcaron.

-Yo me acuerdo de que en tu casa había muchos discos de música española de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un día que estábamos por allí te pusiste el Sangre española de Manolo Tena, un disco que fue un súperventas en su momento. Cuando aún se vendían discos, claro.

-Joder, es que ese disco era buenísimo y la voz de Manolo Tena, increíble. A mi padre le encantaba y lo tenía todo el día puesto en el coche. A mí me molaba rebuscar por casa y escuchar a artistas diferentes. Cuando tuve internet todo se hizo más fácil y me empezaron a llamar la atención los grupos que no salían en las radios comerciales.

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Llega el siglo XXI y, con él, la telerrealidad y la piratería. Operación Triunfo y los discos vírgenes. El hundimiento de la industria musical, hasta entonces dominante. La banalización de la creación artística. Cantantes de un solo éxito. Pop prefabricado. El rock, el folk, los cantautores buscan refugio en las reservas indias de las incipientes redes sociales y las salas de concierto que resisten al euro y al IVA. La música indie sigue sin sonar habitualmente en las radiofórmulas, pero se encuentra con una masa de melómanos cada vez mayor. Como Adrián, quizás una de las primeras personas que me habló de un grupo llamado Love of Lesbian, mucho antes de que los barceloneses se hicieran ultrafamosos.

-¿Podemos hablar de la música indie como un género?

-Para mí es una etiqueta que se ha usado mucho y que no tiene un sentido determinante para que un artista o grupo sea bueno. Hay creadores que se definen como indies pero no hacen una música que sorprenda. Gracias a internet, casi cualquiera puede montarse un grupo y eso ha creado una burbuja. Luego tienes a bandas muy buenas a las que han definido como independientes pero a las que no les molestaría sonar en Los 40 Principales porque les permitiría llegar a más público. Y eso me parece perfecto. Lo importante es que el artista tenga libertad para crear lo que le sale del corazón. Solamente si haces lo que te pide el cuerpo puedes crear un estilo, algo que sea original y eso el público lo nota en cuanto pone un poco de atención a las canciones que suenan en un escenario. El problema es que seguir ese camino en la industria masiva es muy complicado porque solo se apuesta por la música que va a dar dinero rápido y fácil.

-Hay quien dice que estamos en la época del patrón oro: la cantidad siempre está por encima de la calidad y los márgenes de beneficio definen el gusto. ¿Por qué te lanzas a organizar un festival de música como Sueños de Libertad si está todo patas arriba?

-Es una vieja idea. Primero monté El Sitio, un bar en San Antonio, mi pueblo, con la idea de potenciar la música rock y de cantautores en Ibiza. Me encanta el mundo que rodea al músico, la producción de los conciertos, la representación de los artistas. Creo que se pueden poner en práctica ideas muy bonitas cuando uno se mete a organizar conciertos. Por El Sitio pasó mucha gente que nunca había tocado en esta isla o que nunca había venido en acústico. Zahara, Xoel López, Depedro, Rubén Pozo, Juan Perro, Coque Malla… Entonces ya pensaba en organizar un festival de varios días. Cuando dejé el bar y me lancé con la idea del festival, en 2015, pensaba en que, por encima de que la música y organizar conciertos sea mi trabajo, un evento así era bueno para Ibiza y para su gente. A mí me gusta la música electrónica y la respeto mucho, pero esta isla es mucho más. En ciudades como Madrid, Barcelona, Londres o Berlín, tienen una escena de electrónica buenísima, pero también tienen rock, blues, jazz, funky… ¿Por qué no puede ser igual en Ibiza?

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-¿Hay también una burbuja de festivales en España?

-Sí, y algunos ponen de forma descarada las ganas de hacer negocio por encima de la pasión. Otros se comportan de forma poco seria: se cancelaron tres o cuatro festivales el verano pasado. Te juegas muchas cosas a nivel personal cuando te pones detrás de un evento así, que da trabajo a tanta gente. Con Sueños de Libertad llevamos años trabajando para que sea mucho más que una serie de conciertos. Por eso apostamos por mezclar la música con el arte y la gastronomía. Y en 2017 vamos a tener el aliciente de organizarlo junto al mar, en una playa rodeada de palmeras.

-¿A qué suena la isla en tus oídos?

-Suena a la libertad que se respiraba aquí en los sesenta y setenta, una época que me hubiera gustado vivir. Ese legado rockero, de experimentar e inventar, creo que se ha mantenido muy bien. Me hace mucha ilusión que en el festival de este año se junte Statuas d Sal para tocar. Para mí es mucho más que la mejor banda que ha tenido Ibiza en su historia. En su momento fue uno de los grupos más interesantes del panorama español, aunque no los conozca mucha gente fuera de la isla. Aquí hay muchos ibicencos interesados en el rock and roll, muchos músicos que se han quedado a vivir en la isla por la energía que transmite. Y, en la península, aunque la mayoría nos siga identificando por la música electrónica, cada vez hay más personas que quieren descubrir o que se han enamorado de la Ibiza de la que bebe Sueños de Libertad. El festival también nace con la intención de ser una excusa para que vengan personas de fuera a pasar unos días a la isla en primavera para disfrutar de buena música y de la verdadera isla.

Mientras hablamos suena un blues en directo, toda una rareza en la Ibiza de invierno. Hay que refugiarse en sitios como el Pereyra, el único bar que ofrece una actuación diaria en la isla, para huir de las melodías precocinadas que atruenan en otros garitos. El frontman del trío que está tocando empuña con maestría una acústica y canta con voz de bluesman de Nueva Orleans aunque haya nacido en el Piemonte italiano y se llame Matteo. Ahora sí, es momento de hablar de esos esclavos que rompieron sus cadenas para convertir en mestiza la cara del (todavía) país más poderoso del planeta. Negritud en la política. En el cine. En la música. Y en el deporte.

-Tú te aficionas a la NBA en una época donde no existía internet. Teníamos las revistas de baloncesto y los relatos de nuestros padres sobre Magic y Bird. En tu caso, estaba tu hermano. ¿Él tuvo la culpa de que tu ídolo sea Michael Jordan?

-Totalmente. Yo estaba metido en la cama y escuchaba los gritos que pegaba mi hermano cuando los Bulls ganaban aquellas finales de los noventa. Por la mañana, él me hablaba de Jordan, Pippen, Rodman y compañía. Aquel equipo fue inimitable. No es que ganaran seis anillos o que perdieran solamente diez partidos en una temporada (ojo, que la siguiente perdieron trece y nadie se acuerda de ese año). Es lo que inspiraban con su juego, empezando por Jordan. Yo he jugado a baloncesto toda mi vida y nadie me ha motivado tanto como él; Jordan es talento, mucho talento, pero también es determinación y pura lucha. Lo cuenta Phil Jackson en su libro. Aquel grupo de jugadores que Jackson dirigió quería ganar la NBA todos los años y quería hacerlo de forma bonita. Para eso tenían su manera de hacer las cosas y a Jackson y Jordan les daba igual estar enfrentándose permanentemente a los directivos de los Chicago Bulls.

-¿Quién sería el Michael Jordan en la música del siglo XX?

-Michael Jackson decía que de pequeño veía a James Brown en la tele y quería ser como él. Estaba todo el día imitando los movimientos. Me la voy a jugar: Brown se movía en los escenarios como Jordan en la pista. Lo que más me gusta del baloncesto es que, para mí, es el deporte más sensual de todos. Eso lo hermana con el soul y el funky, para mí, la música más erótica que pueda haberse inventado. Un concierto de James Brown es como los grandes partidos de Michael Jordan, un sueño hecho realidad. Es la libertad.

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