Can Tixedó, la meca de los bohemios ibicencos

De tienda de comestibles a art-café. Así ha evolucionado este establecimiento con 74 años de historia gracias al buen hacer de Joan Colomar, su actual propietario y un apasionado de las esencias de la vida bohemia.

Words: Pablo Sierra / Photo : Muchigraphy

Uno de los clientes que están sentados en la barra define a Can Tixedó como un salón del Oeste situado en un cruce de caminos donde en teoría nunca pasa nada pero en realidad acaban pasando muchas cosas. El origen de este bar que es a la vez galería de arte tiene curiosamente una pizca de Western. Su reconversión, también, porque Can Tixedó ha nacido dos veces y las dos veces ha sido pionero. La primera fue el día de San Juan de 1943 y se convirtió en la única tienda de comestibles en bastantes kilómetros a la redonda. “Lo abrió el padrino de mi padre”, cuenta Joan Colomar, que gestiona el negocio a día de hoy, “cuando aquí no había nada, ni iglesia ni escuela”. Puede decirse, entonces, que la pequeña parroquia de Buscastell apareció en el mapa cuando este establecimiento abrió sus puertas.

 

Con el paso de las décadas y la llegada de la modernidad a Ibiza, sus dueños trasladarían los ultramarinos a un antiguo corral y ganarían espacio para el bar que a principios de los noventa heredó Juanito, que es como conoce todo el mundo al propietario actual. Entonces Can Tixedó dio el golpe de timón que le ha llevado a convertirse en uno de los sitios más singulares y auténticos de la isla. Juanito presume de dos grandes aficiones: la vela, una vía de escape ante el estrés que conlleva la hostelería, y el arte, donde ha hecho sus pinitos desde que era un renacuajo que correteaba por los alrededores de aquella tienda de comestibles que, ahora, después de décadas de esfuerzo, es una sala de exposiciones tan prestigiosa como singular. Cuando Juanito apostó por llenar de arte su local, exponer en un bar como Can Tixedó sonaba a chino en el mundillo cultural de la isla. El cariño y la dedicación que le puso este ibicenco a la tarea de convertirse en un comisario artístico con base en la Ibiza más rural superaron todas las barreras mentales.

Can Tixedo 1

“Los artistas encuentran aquí la libertad que a lo mejor les falta en sitios más formales donde prima la etiqueta. Nosotros no vamos a colgar sus obras para que decoren el bar; esto es una sala donde hay cercanía y confianza con el creador, pero también muchísima profesionalidad y mucho mimo hacia su trabajo. Me paso todo el año recibiendo propuestas, seleccionando a los artistas que quieren venir a nuestra casa, programando las exposiciones y organizando unas inauguraciones que ya son clásicas en Ibiza. Cada tres semanas solemos renovar las obras. Cuidamos mucho qué mostramos en esta sala y estamos orgullosos de haber sido el primer lugar donde expuso gente ya consagrada como Romanie o Júlia Ribas”, dice Juanito. Otros nombres muy vinculados a Can Tixedó fueron el asturiano Luis Amor –el creador de las míticas payesas de colores fue uno de los primeros artistas en frecuentarlo– y el británico Gary Cook, dos pintores fundamentales para que Juanito se animara a crear este espacio hace 25 años. Otro veterano como Julio Bauzá, un artista uruguayo que lleva cuatro décadas viviendo en Ibiza, ha sido un colaborador clave para el despegue de Can Tixedó como sala de exposiciones.

 

La terraza es un hervidero de bohemios establecidos en la isla, que se han convertido en amigos de la casa. El belga Lionel Van den Boogaerde ha creado un collage junto al fotógrafo Guy Rabier donde aparece retratada la fauna humana que llena este local situado a seis kilómetros de Sant Antoni de Portmany. El catalán que hablan los ibicencos se mezcla con el castellano, el inglés, el francés, el holandés, el alemán o el italiano que hablan artistas, músicos, escritores, cineastas que se camuflan en unas mesas en las que también se sienta el turismo más alternativo, el que huye de la masificación y el gentío, a saciar la sed y el apetito con una carta de recetas tan variada como las lenguas que se escuchan en la terraza. Lina Colomar, hermana de Juanito, es la jefa de cocina y una pieza fundamental en esta aventura. Ella se encarga de que las conversaciones de la terraza estén bien surtidas de deliciosos platos.

 

Ese poso de libertad que se disfruta en el bar viene de lejos. “Cuando era muy pequeño recuerdo a los extranjeros que vinieron como hippies a finales de los sesenta y decidieron quedarse. Es curioso cómo ellos, que habían huido de Estados Unidos para no ir a la guerra de Vietnam, ya nos anticipaban la sociedad de consumo desbocado en la que ha acabado convirtiéndose España o Ibiza. En aquella época esas historias sonaban a ciencia ficción en el interior de la isla, donde la electricidad no llegó hasta entrados los ochenta. El legado que nos han dejado es muy valioso y se debe recordar y actualizar”, recuerda Juanito, un tipo que, agitando el mundo del arte desde Buscastell ha conseguido que la Ibiza de toda la vida no tenga miedo a evolucionar.

Can Tixedo 2

 

 

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