Fantastic Negrito

El niño que tenía una abuela en Mississippi

Words : Pablo Sierra / Photo : Blackball Universe

Fantastic Negrito (o Xavier Dphrepaulezz) nos cuenta sus orígenes familiares, que también son la raíz de su música, unas canciones que beben de la parte más africana de América, en una cena donde reflexiona sobre la importancia de frenar el populismo de políticos como Donald Trump o Marine LePen.

Xavier Dphrepaulezz se pone de pie y levanta el índice. El resto de los comensales le miran mientras aclara la garganta, como si todos ellos fueran actores de una obra de teatro que transcurre en un restaurante. Todos atentos a las palabras que va a pronunciar este tipo altísimo que viste chaleco, camisa y sombrero, y parece salido de una fotografía tomada en Norteamérica poco antes de la Gran Depresión. El orador, con la solemnidad de un congresista a punto de iniciar un discurso en la cámara de representantes de la democracia moderna más antigua que existe, dice:

-En las últimas elecciones había dos opciones. O elegir entre una diarrea así de grande…

Y delimita con sus manos un palmo de aire mientras dice “Hillary Clinton”.

-… y una diarrea muchísimo más grande: Donald Trump.

Cuando dice el nombre del magnate, Xavier Dphrepaulezz aleja las palmas de las manos y hace una pedorreta con la boca que despierta la risa entre sus compañeros de mesa. Luego remata su reflexión política con una frase tan contundente que no puede hacer otra cosa más que reírse. El humor evita que el significado de las siguientes palabras se haga bola en su garganta:

-Ya sabéis lo que han elegido la mayoría de votantes de nuestro país: nos gobierna un tipo que está orgulloso de ser machista, xenófobo y de utilizar toda clase de mentiras para llegar al poder. ¿Cómo puede creer alguien que Donald Trump no forma parte de esa élite que, según él, ha maltratado al pueblo americano?

Xavier Dphrepaulezz vuelve a sentarse y sigue comiendo el tataki de atún que ha pedido para cenar. Apenas habla. Apenas ha hablado, de hecho, hasta que decidió ponerse de pie y dar su punto de vista sobre las últimas elecciones en Estados Unidos. Se ha dedicado a comer y a escuchar. Luego nos mirará a los europeos que nos sentamos en la mesa y dirá otro nombre con preocupación: “Marine Le Pen”. Faltan unas semanas para las elecciones francesas y Xavier Dphrepaulezz cree que si Francia cayera en manos del neofascismo, todo podría precipitarse hacia el abismo de forma acelerada. No cuesta imaginarlo celebrando la victoria de Emmanuel Macron en la segunda vuelta de las elecciones francesas con la misma alegría que tuvo que reservar para otra ocasión cuando Bernie Sanders perdió las primarias del Partido Demócrata contra Hillary Clinton. “Marine Le Pen me parece una de las personas más peligrosas para presidir el gobierno de un país poderoso. Si también ganan en Europa esas ideas se va a volver a legitimar el racismo que ya ocurre en nuestras sociedades porque nunca ha desaparecido del todo”, explica Xavier Dphrepaulezz en otro arranque, esta vez sin tener que levantarse. Por momentos, su fijación por Francia es tal que parece haberse criado en los suburbios de París en vez de en el extrarradio de Oakland, California: “Muchos quieren convertir a los musulmanes en el problema de nuestros países sin tener en cuenta que en el Islam hay personas buenas y malas, como en todas partes. Que Europa le esté dando la espalda a los refugiados de la guerra de Siria es algo que me duele y preocupa mucho”.

Le pregunto qué se puede hacer en medio de esta tormenta y no tiene dudas:

-Sé que todo va muy rápido, que nada permanece en internet, que la gente no quiere leer ni escuchar historias bien contadas, pero por eso ahora sois importantes. Los periodistas, los fotógrafos, los novelistas, los dibujantes de cómic… sois más importantes que nunca. Cualquier storyteller que quiera jugársela es necesario. Hay que explicar muy bien qué está pasando. Hay que emocionar con historias que valgan la pena a la gente que quiera escuchar y leer. Hay que desmontar el discurso de que hay desigualdades que son legítimas. Hay que frenar a la gente que piensa que una persona tiene más derechos que otra por el color de su piel, su apellido o el idioma que habla. Algunos artistas intentamos hacer lo mismo con nuestro trabajo.

FANTASTIC NEGRITO PONER blanco y negro ENTREVISTA 1.0

Xavier Dphrepaulezz no es politólogo. Ni filósofo o analista internacional de un medio de comunicación. Es músico y, en la música, se le conoce como Fantastic Negrito desde hace un par de años. Viniendo del más profundo underground, ha tenido tiempo para ganar un Grammy a mejor álbum de blues contemporáneo por The Last Days of Oakland, un disco portentoso que suena a mezcla, desgarro y esperanza. Mezcla porque combina con naturalidad distintos estilos, casi todos los que han nacido de una garganta negra, en la misma fórmula musical. Desgarro porque cuenta la historia de una de las ciudades más peligrosas de la Costa Oeste como si un cronista de sucesos o un guionista de una serie de la HBO se tratara. Esperanza porque el suyo es el éxito artístico que reconoce un talento natural que tuvo que abrirse paso a trompicones por una vida llena de dificultades. El día que Xavier se convirtió en Negrito su cuerpo metabolizó un sinfín de experiencias callejeras para convertirlas en arte, en canciones crudas y bellas, en el reflejo de las calles de Oakland, una ciudad que ha cambiado y progresado tanto económicamente que ahora empieza a recibir turistas y presume de un equipo campeón de la NBA: los Golden State Warriors.

“El negrito fantástico, sounds good“, dice cuando Tomás Salcedo, su guitarrista chileno, le repite cómo sonaría su nombre artístico si se tradujera íntegramente al castellano. Los dos se conocieron precisamente en la calle. En una boca de metro. Uno de ellos estaba tocando. El otro se paró a escucharle y le preguntó si podía desenfundar su guitarra. Da igual quién era quién. Podría haber ocurrido al revés. Llevan tres años trabajando juntos y se entienden a las mil maravillas. Tomás, de madre estadounidense, es el único blanco de una banda de negros y mulatos que suena muy afroamericana (el swing de xxxxx, su altísimo batería, aún más alto que el frontman, deja prendado a cualquier melómano que lo escuche) y que comanda Field, quizás el manager menos obsesionado con aislar a sus artistas de la prensa que un periodista se pueda encontrar en cientos de kilómetros a la redonda.

Negrito apenas habla la lengua de Cervantes, pero dice entenderla bastante bien por la cantidad de latinos que viven en California y presume de que sus tres hijos, que ya son bilingües porque su madre es japonesa, hablarán español cuando sean adultos, un idioma que les permitirá viajar por todo el continente americano con la seguridad de un nativo. “¿Cómo vamos a ponernos a levantar muros?”, se pregunta en voz alta. Coge el móvil, rebusca en su álbum de fotos y nos enseña una imagen típicamente sureña. En un porche, sentados en una silla, están su abuela y sus hermanos. Vivían en Mississippi. Vivieron en Mississippi antes y después de Martin Luther King, Rosa Parks y la campaña por los derechos civiles. La abuela de Negrito tocaba el órgano en una iglesia de negros. Uno de sus hermanos era una enciclopedia andante de la música afroamericana. Recordaba nombres de cantantes, músicos, canciones y discos de jazz, rythm and blues, soul, gospel… Al tío-abuelo de Negrito le faltaba un brazo y no podía tocar la guitarra, pero le cantaba esas letras a su sobrino cuando su extensa familia iba a Mississippi desde Massachusetts (donde nació y vivió Negrito sus primeros años de vida) u Oakland a visitarlos.

“Todo lo que sé lo aprendí de ellos dos”.

En el sur profundo nacieron la conciencia y la vocación de Negrito. Allí vio y sintió de primera mano el racismo que, dice, todavía le acompaña cuando camina por algunos rincones de Arkansas o Alabama cuando el grupo gira por esos estados. Sin saberlo, quizás en Mississippi se estaba preparando ya para grabar casi cuarenta años después The Last Days of Oakland, un álbum llamado a ser farol en medio de estos tiempos oscuros.

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