Dan Nicoletta

El hombre que inmortalizó a Harvey Milk

Words : Rebeca Queimaliños / Photo : Dan Nicoletta

Dan Nicoletta (1954, Nueva York) es una de las leyendas vivas de San Francisco: el fotógrafo inmortalizó durante 40 años el tremendo esfuerzo de la comunidad LGTB por trascender los límites impuestos por la sociedad estadounidense y disfrutar de la libertad por la que muchos perdieron la vida. Nicoletta fue durante años el mejor amigo de Harvey Milk y es –en cierto modo– el heredero de una manera de entender la vida. Una vida militante, dedicada a luchar por los derechos de la comunidad homosexual y que le ha llevado por todo el mundo con un mensaje rotundo: ama como quieras. En pasado mes de junio viajó a Madrid para presentar la exposición 40 años de lucha LGTBQ, la primera retrospectiva que se le dedica en Europa y que se pudo ver en el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) durante el World Pride con el apoyo de Levi’s.

Nicoletta es el autor de la fotografía más icónica de Harvey Milk que terminaría convertida en un sello oficial en EE UU y póster de la película de Gus van Sant en la que Sean Penn interpreta al primer político gay elegido en California y asesinado en 1978. Es un retrato en blanco y negro, de sonrisa eterna y con la corbata al viento tomada en Castro Street, a escasos metros de la tienda de fotografía que Harvey Milk y su pareja Scott Smith tenían en el barrio y en la que Nicoletta trabajó durante años.

Yo era un adolescente incomprendido de suburbio. Decidí moverme a San Francisco para buscar mi identidad y conocí a Harvey y a Scott la primera semana que me mudé al barrio de Castro. Acabé yendo casi cada día a su tienda de fotografía hasta que me dieron trabajo. Empecé como mozo de almacén, pero que Harvey vio unas fotografías que había hecho con mi cámara y me nombró fotógrafo oficial durante su campaña política de 1975.

En Castro entendí que era posible huir de la educación ultracatólica que había recibido durante mi infancia. El carisma de Harvey y Scott me atrapó por completo y empecé a involucrarme políticamente. Él tenía la capacidad de convertir la política en algo amable pese a la complejidad que implicaba luchar a favor de una causa absolutamente estigmatizada. Siempre he intentado proyectar esa imagen de Harvey con la cámara: la satisfacción o ambiente festivo de quién se enfrenta a la homofobia desde la belleza. En realidad, esa aparente frivolidad es solo una fórmula para romper tabúes y decir: “Eh, sed como queráis, todo esta bien, salid ahí y divertíos”.

Castro Street Fair, August 1977, Rodney Price (left) and friends

En el año 1973 todavía me daba pudor expresar mi sexualidad y ellos fueron los primeros en comprender la situación. Harvey me dijo dos meses después de conocernos: “Entiendo perfectamente tus dudas, pero mira a tu alrededor. Estamos haciendo historia en esta comunidad que, con suerte, derivará en un antes y un después en la historia de nuestra sociedad. Lo que tienes encima se llama equipaje, y debes liberarte de él para continuar tu camino”. Esa conversación fue clave para mi futuro y mi forma de enfrentarme a la sexualidad.

Fue insoportable cuando Harvey Milk perdió la segunda campaña electoral. Sólo tenía 20 años y me había involucrado 100% en ese proyecto. Pero fue un ajuste de realidad. Ese día entendí que tu país no siempre está preparado para asumir lo que tú consideras justo, aunque eso no pueda –ni deba– frenar tu lucha.

Los adversarios de Milk nos enseñaron que no hay que doblegarse. Siempre conseguirán estigmatizarte de alguna forma y tienes que trascender. En el momento en que se propagó el sida tuvimos que multiplicar nuestras fuerzas porque ya sabíamos que los oponentes lo convertirían en un arma. Sabíamos que iban a demonizarnos; que los sectores más ultraderechistas convertirían la enfermedad en un arma arrojadiza, así que no podíamos ceder ni un centímetro de dignidad.

Nunca creí que sería testigo de la aprobación del matrimonio igualitario en mi país pero estoy muy agradecido de haber sobrevivido para verlo. Y utilizo la palabra ‘agradecido’ porque la mayoría de los protagonistas de las fotografías han muerto.

Es inevitable pensar que las conquistas alcanzadas con Donald Trump puedan evaporarse, por eso debemos estar alerta y reivindicar el territorio conquistado. Hemos llegado hasta aquí y debemos proteger nuestros derechos. En realidad es una fórmula sencilla: no podemos cambiar y, sobre todo, no queremos hacerlo

La masacre en Orlando o la muerte de transexuales en países latinoamericanos demuestra que la tolerancia no es global. Por eso es importante que las nuevas generaciones no bajen la guardia. La visibilidad siempre ha sido el motor del movimiento LGTB, pero tiene un precio. Lo que no podemos permitir es que el sacrificio quede impune y la respuesta sea esconderse de nuevo en el armario. El asesinato de Harvey Milk fue un sacrificio para los supervivientes; es justo que continuemos la lucha.

La escritora Grace Paley dijo en una ocasión que el único reconocimiento de la esperanza es la acción. El objetivo de Harvey era que la gente se involucrase para promover la justicia. Ese es su legado y ese debería ser el motor del activismo.

Club Chaos and Klubstitute float in the SFLGBT Pride Parade, Jun

El gran cambio de la fotografía social ocurrió con The Ballard of Sexual Dependency (1986) de Nan Goldin. Él fue capaz de cambiar los requisitos formales que envolvían la fotografía social y llegar a un concepto más amplio.

Recuerdo llorar en una exposición de Richard Avedon. El proyecto se llamaba The American West y retrataba la historia del Lejano Oeste americano en blanco y negro. Salí de ese espacio y pensé: yo quiero hacer eso. Ahora estoy fotografiando a gente de campo comprometida con el medio ambiente, recientemente he propuesto a dos chicos recrear la famosa escena del cuadro American Gothic (Grant Wood) representando exactamente lo contrario. El cuadro original es muy potente, pero colocar en ella a dos gais con una iglesia detrás la hará realmente poderosa. Creo que es una de mis mejores trabajos, pero nadie lo ha visto todavía.

Faltan retratos de transexuales. Es necesario documentar ese movimiento y nadie ha hecho nada realmente serio. Así que creo que, en cuanto vuelva a Estados Unidos, me pondré a ello.

Alguien me escribió una dedicatoria que decía algo así: “Llevas toda la vida retratando a drag queens y hombres tatuados. Búscate una vida, nena”. Creo que es un resumen maravilloso de mis 40 años de trabajo fotográfico [risas].

 

 

 

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